Ideas en tiempos de cuarentena

Este es un espacio personal, que está acá simplemente a modo de escape… para escribir ideas, pensamientos, reflexiones o lo que sea.

Lo empiezo en el cuarto día de la cuarentena por el COVID-19… veremos si sigue más allá de hoy… el blog, lo de la cuarentena pareciera que va para rato…

Si estás leyendo y te interesa, bienvenido/a… y sino, siempre está la x en la pestaña o la ventana para que sigas con lo tuyo.

Deja que se vayan

“Y entonces se dio cuenta que su cuerpo era demasiado frágil para soportar el peso que llevaba. Si las lágrimas podían escapar, ella también lo haría. Quiso volar con ellas. Evaporarse. Llegar a algún lugar muy lejano… Cerró los ojos, sintió el viento en la cara, dejó caer unas últimas lágrimas, puso los pies en puntillas, respiró hondo y…

– Deja que se vayan, Lucía – dijo la abuela desde algún lugar.
-¿Quiénes?.
-¡Las lágrimas! A veces parece que son tantas que sientes que te vas a ahogar con ellas, pero no es así.
-¿Crees que un día dejarán de salir?.

-¡Claro! – respondió la abuela con una sonrisa dulce -. Las lágrimas no se quedan demasiado tiempo, cumplen su trabajo y luego siguen su camino.
-¿Y qué trabajo cumplen?
-¡Son agua, Lucía! Limpian, aclaran… Como la lluvia. Todo se ve distinto después de la lluvia.

Extracto de  “La lluvia sabe por qué”  de María Fernanda Heredia.

Sentimientos de cuarentena, querer llorar, y no saber muy bien de qué. Sentirse con el peso del mundo encima, y no saber muy bien por qué… en fin… de cuarentena y de la vida misma.

Cambios

A veces me pregunto (y le pregunto también a otras personas), por qué será que los seres humanos somos tan reticentes al cambio. No conozco a nadie que acepte los cambios de entrada, a algunas personas nos cuesta más, a otras menos, pero todos le tenemos un poco de miedo al cambio.

Y me parece increíble realmente.

Hace unos años leí un libro que se llama El universo en tus manos, de Christophe Galfard. El libro en sí no habla de cambios, sino que explica el universo (en términos de física cuántica, no a nivel filosófico). Y con ese libro aprendí que el universo cambia, todo el tiempo. Literalmente todo el tiempo está cambiando, no es el mismo ahora que el que era esta mañana, ni el mismo que cuando empecé a escribir esto.

Y si lo pensamos un poco, la naturaleza también cambia todo el tiempo. Miles y miles de microorganismos nacen y mueren cada segundo, las plantas crecen, el agua se evapora y se transforma en lluvia, los ríos corren, el mar va y viene. Cambian.

Sin embargo, acá estamos los humanos, reticentes, duros, asustados, cabezas duras, sin querer aceptar que como dice la genia de Mercedes Sosa (cantante argentina): Cambia todo cambia.

Creo, o en realidad estoy segura, de que de esta pandemia no vamos a salir iguales. Nos va a cambiar… como personas, como sociedad, como habitantes del planeta. Va a cambiar nuestras relaciones con familia, amigos, vecinos y demás.

Ojalá ese cambio sea para bien. Es quizás un poco utópico, soñador de mi parte. Si, puede ser. Pero en este momento, creo que es esa esperanza parte de lo que nos saca adelante. Y me permito usar la primera persona del plural porque estoy segura de que no soy la única.

Como dijo otro genio de la música:

You may say I’m a dreamer
But I’m not the only one
I hope some day you’ll join us
And the world will be as one.

John Lennon.-

Hoy más que nunca…

Latamos fuerte, que el mundo sepa que existimos, que estamos, que lo escuchamos, y que lo entendemos. Sí, que sepa que estamos recibiendo el mensaje.

Día cinco de cuarentena… todavía no nos matamos con mi familia, creo que vamos bien… pero qué difícil se hace cuando sabemos que nos quedan muchos días por delante que no vamos a poder salir más que a hacer algunas compras.

Latamos fuerte, aún encerrados, latamos fuerte. Hagámonos escuchar y escuchemos, a los demás, y al mundo, que claramente algo nos está queriendo decir.

Comunicación

A principio de año, un amigo me escribió preguntándome cómo estaba. Después de algunos intercambios básicos entre dos personas que hacía un tiempo que no se veían, apareció la verdadera razón por la que me escribía. Tenía un problema y necesitaba hablar. Como el tema lo ameritaba, lo llamé por teléfono, y estuvimos hablando como dos horas.

Después de eso, guardé esta nota en mi celular:

Note to self: A veces las personas escriben o llaman, no porque quieran saber cómo estás, sino porque necesitan que los escuches. Reminder: escribile más seguido a las personas que querés. Estar conectado y comunicado requiere esfuerzo y trabajo. 

Más allá del disparador puntual de la conversación y la nota (a veces la gente necesita hablar, y por eso te escriben, por ellos, no por vos), me quería enfocar en la última oración: Estar conectado y comunicado requiere esfuerzo y trabajo. 

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